[Crítica] Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos (sin spoilers)

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Póster de Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings

Han pasado más de diez años y la historia sigue igual. Cada vez que se acerca un estreno de Marvel Studios, una nueva entrada del Universo Cinematográfico de Marvel, se celebra una fiesta. Una fiesta del cine, por mucho que le pese a algunos, y una fiesta del «frikismo», aunque ese término ya va quedando obsoleto. Sucedió con Viuda Negra, especialmente después de más de dos años sin poder ver una película del UCM en el cine, pero si bien para muchos fue motivo de celebración, para mí fue un pequeño bache en la exitosa carrera del estudio. Afortunadamente, el listón vuelve a subir hasta lo más alto con Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos.

Buscando la originalidad

Desde los inicios de la producción sabíamos que estábamos ante una película diferente, aunque solo fuese por el hecho de que introduce el mundo de las artes marciales en el UCM y presenta al primer superhéroe asiático de la mastodóntica franquicia. Estamos, por tanto, ante un producto que busca matar a varios pájaros de un tiro. Por un lado cambia de tercio con respecto a todo lo que hemos visto anteriormente, aunque sin perder la esencia. Por otro, se abre a la cultura asiática no solo a nivel de historia, sino también de dirección, reparto y producción, pensando quizás en repetir el pelotazo cultural que supuso Black Panther en su día. Bueno, pues tengo que decir que, para mí, Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos consigue todos esos objetivos.

Empezamos con la historia. Estamos ante una historia de origen, pero que por fin se aleja de esa plantilla que parecía estar utilizando Marvel en sus primeros trabajos. Tampoco podemos pedir peras al olmo, pero al menos es suficientemente distinta como para tener la sensación de estar viendo algo diferente. Obviamente, nos convertimos en pasajeros del viaje del superhéroe protagonista, y de sus acompañantes, pero la realidad es que todo gira en torno a un drama familiar que tanto te da la felicidad como te la quita. Lo demás, son meras consecuencias.

En cuanto al protagonista, Shang-Chi, el 99% del personaje es el carisma de Simu Liu. El actor ha demostrado fervor por Marvel y amor por el Maestro de Kung Fu, y eso se ha trasladado a la pantalla de manera notable. Entre Marvel, el director Destin Daniel Cretton y él han construido un perfil que se sitúa en un punto intermedio de lo que ya tenemos en el UCM, ni demasiado serio ni demasiado bromista, tímido pero decidido, cauteloso pero comprometido. Una gran incorporación para un futuro nuevo equipo de los Vengadores, eso sin duda.

El otro 1% es, y ojo porque parece poco pero en realidad es mucho, el estilo de lucha del personaje. Lejos queda ese mal sabor de boca que nos dejó Puño de Hierro en la serie de Netflix, con Shang-Chi borrándolo de un plumazo a base de artes marciales a un nivel que hacía tiempo que yo no veía en una película. Grandes escenas, mucha influencia de Jackie Chan y del cine de artes marciales de los 70-80, y espectacularidad que te dejan con síndrome de abstinencia. Los había que decían que en esta película vemos acción como nunca antes se ha visto en el UCM. Pues bien, tenían razón.

La guinda del pastel la pone algo que yo, personalmente, no me esperaba, y que resulta difícil compartir sin adentrarse en el reino de los spoilers. Hablo del componente fantástico, místico y mitológico de la película, que se aprovecha de elementos de la cultura asiática para presentarnos un reino aún por descubrir que puede dar mucho juego en el futuro del UCM. Como adelanto, recordad ese dragón que se ve en los tráilers. Pues bien, eso es tan solo la punta del iceberg.

El héroe no está solo

Donde no varía el tema es en el tono, ya que el protagonista es alguien amable, bonachón y de buen corazón, al que además no le falta sentido del humor. Un sentido del humor que, por cierto, se ve acrecentado por los comentarios y las acciones de su fiel amiga y algún que otro personaje secundario. La seriedad ya se la llevan el villano y los momentos de lucha donde todos se juegan la vida.

Y hablando del villano, aquí la cosa tampoco varía demasiado. «Shang-Chi, yo soy tu padre«, aunque en este caso el héroe ya lo sabía. Wenwu, o el Mandarín si así lo preferís, aunque ya os adelanto que de Mandarín tiene bien poco. Es malo, malísimo, y solo le mueven el poder y la avaricia. Sin embargo, durante el transcurso de la película se preocupan de ablandarle y dotarle de nuevas capas para que el espectador comience a sentir cierta empatía hacia él. Lo suficiente como para que, llegado el clímax, sus acciones parezcan más o menos justificadas. Vamos, un clásico de Disney (y por ende Marvel) en los últimos tiempos.

Quedan para los restos más personajes secundarios que hacen su función según el momento, variando desde los aliados que te indican el camino a seguir, hasta los secuaces del villano a los que tienes que hacer frente. Cabe destacar, por supuesto, el trabajo de Fala Chen en el papel de madre de Shang-Chi, no solo por marcarse varias escenas de lucha «a lo Tigre y Dragón«, sino porque se convierte de refilón en el centro de la historia. Y eso sin contar los cameos, que son varios, sorprendentes y curiosamente más importantes de lo que suele ser habitual.

Shang-Chi viene para quedarse

Como toda historia de origen que se tercie, la de Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos se centra en el camino que sigue el protagonista hasta convertirse en héroe. Con la película, el camino queda recorrido, pero a la vez se abre un mundo de posibilidades que adelanta un futuro brillante para él.

Es verdad que esta película se mantiene al margen la mayor parte del tiempo, haciendo apenas una mención al Chasquido que nos ayuda a situarnos poco después de los eventos de Vengadores: Endgame. Sin embargo, pequeños detalles aquí y allá van integrando todo sigilosamente en el profundo y vasto entramado del Universo Cinematográfico de Marvel, con un colofón final digno de los mejores cliffhangers de la industria.

La película cuenta con dos escenas post-créditos, una en la mitad y otra al final. La primera, inesperadamente, pone a Shang-Chi en el punto central de algo muy grande que está por venir en el futuro del UCM, y que no solo le afecta a él, sino a los otros Héroes Más Poderosos de la Tierra. La segunda, se centra más en la franquicia recién creada, abriendo las puertas de una secuela.

En definitivamente, no puedo estar más contento con esta película. No solo recupera mi ilusión por Marvel, levemente tocada tras Viuda Negra, sino que lo hace tirando de nostalgia haciéndome recordar ese cine de aventuras y artes marciales que tanto me gustaba cuando era pequeño. Bravo Destin. Bravo Simu. Bravo Shang-Chi. Bravo Marvel.