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[Artículo] Nuestra visita al 32º Salón del Cómic de Barcelona

El Salón del Cómic de Barcelona presentó este pasado fin de semana (de jueves a domingo) su trigésimo segunda edición. Lo hizo, como viene siendo habitual, en el recinto de la Fira de Barcelona, en la misma Plaça Espanya. Esta vez, sin embargo, abarcó la casi totalidad de la Fira, con unos 32.000 metros cuadrados repletos de stands de cómics, exposiciones, nuevas propuestas dentro del noveno arte y multitud de ofertas creativas orientadas a casi cualquier target.

32º Saló Internacional del Cómic de Barcelona

Si bien es cierto que se anunció que el componente bélico iba a tener un peso importante en el carácter de esta edición, lo cierto es que quedó relegado a un segundo plano -únicamente lo vimos en las exposiciones-. Y está bien así, pues todos sabemos que dicho evento mueve sobre todo a los aficionados de Marvel o DC. Da gusto, aun así, comprobar que el fondo más background del cómic sigue vivo con stands de autores independientes que casi regalan sus obras con tal de lograr ese ansiado reconocimiento.

Y de hecho, la importante presencia de editores nacionales y extranjeros facilita mucho dicha tarea. El elenco de artistas que han desfilado por el Salón es variado, y no faltan a la cita genios de la tierra como Luís Royo, y algunos otros de fuera de nuestras fronteras, como el guionista Paul Jenkins (Peter Parker: Spiderman). Quizá sí se echa en falta alguno de los nombres de los pesos pesados de la industria. Lógicamente, no pretendemos convertir el Salón en la Comic-Con de San Diego, pero la visita de un Mark Millar (Civil War, El Viejo Logan, Kick-Ass), de un Bryan Hitch (The Ultimates, The Authority) o por qué no, de alguna estrella del cine o de la televisión relacionada con el mundillo subiría el listón de la Fira al top (Manu Bennett, el actor que interpreta a Slade Wilson en Arrow, es muy dado a acudir a convenciones… por lo general yankees).

Especial tributo se rindió a dos de los héroes más oscuros de nuestros días: Batman, el personaje insignia de DC, cumplía 75 años. Y Lobezno, el mutante más famoso del mundo, ha alcanzado los 40. La historia de ambos personajes se narraba en dos murales enfrentados, con multitud de páginas originales de cómics, y a su vez se nos mostraba la cantidad de diseños distintos que han tenido tanto el Caballero Oscuro como Logan.

El carácter del coleccionista quedó muy patente en los stands especializados, donde conseguir un número concreto de hace tres, cuatro o hasta cinco décadas no resultaba una tarea demasiado excesiva. El amplio espacio habilitado facilitó el constante fluir de la gente, y ello se agradeció sobremanera al no colapsar los stands con el bullicio.

Los disfraces, el buen ambiente en general y la plena colaboración de los propios libreros se hizo notar hasta última hora del domingo (las 20:00), donde las prisas por recoger ni hicieron acto de presencia.

Quizá el punto negativo de esta edición no lo tuvo la propia Fira, sino una editorial de las grandes en nuestro país. Me refiero a Panini, la encargada de distribuir las obras de Marvel. Imagino que por tema de licencias, los stands tan solo podían vender números atrasados, no actuales. Lo mismo valía para el puesto de Fnac o el de El Corte Inglés. ECC ediciones, sin embargo, se adelantó a este movimiento montando un gran pasillo donde podíamos encontrar la práctica totalidad del abanico de su nuevo NUDC. Ese es el detalle que a Panini le faltó: fui incapaz de encontrar un solo número de un cómic de Marvel que no tuviera fecha de hacía un mínimo de cinco meses. Una pena.

Si debemos quedarnos con un dato, esta es la cifra de los 106.000 visitantes que han acudido al Salón. Una cifra más que aceptable, teniendo en cuenta que coincidía con el final de Liga de fútbol. Un gran acierto el contar con la disponibilidad de los dos pabellones de la Fira, pues el gentío no saturó en ningún momento el espacio, como sí había ocurrido en otros certámenes (celebrados en La Farga o la Estació de França).