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22 de septiembre de 2026

Reseñas

Reseña · sin spoilers

Lobezno MAX: crítica de los tomos 1 y 2

Los dos tomos de Lobezno MAX, la versión adulta del personaje escrita por Jason Starr. Aquí están juntas las dos críticas, cada una con su nota.

Universo Álex

15 de mayo de 2013 · Actualizado el 22 de septiembre de 2026 · 7 min de lectura

Lobezno MAX: crítica de los tomos 1 y 2

100% Marvel. Lobezno MAX 1: Ira Permanente

Nota: 4/10

En una línea: Lobezno, el sello MAX y Japón prometían, pero Starr se queda a medio camino entre el noir y los samuráis. Lo mejor del tomo son las portadas de Jock.

Panini Comics por fin nos trae el comienzo de una serie que, a priori, tiene todos los elementos que podría desear un buen fan de Marvel Comics. Si metemos en una batidora a Lobezno, el sello MAX, Japón y el conocido escritor de novelas negras Jason Starr, ¿no es cierto que lo que puede salir de ahí apunta a grandioso?

100% Marvel. Lobezno MAX 1. Ira Permanente es un tomo de 112 páginas que recopila los primeros cinco números de esta andadura de uno de los personajes más violentos del Universo Marvel por el sello que la Casa de las Ideas utiliza para su material dirigido a un público más adulto.

MAX no es madurez, es sangre y violencia

Lo primero que hay que hacer es recordar que aunque MAX está dirigido, en teoría, a un público mayor de 18 años, no es por su complejidad ni por su madurez, sino porque contiene violencia, sangre, lenguaje malsonante, desnudos, sexo y todo tipo de material políticamente incorrecto que sufriría rápidamente el peso de la censura en cualquier otro lugar. Esto tiene que quedar claro, porque en este tomo no vamos a encontrar búsquedas filosóficas de un yo interior, sino a Lobezno haciendo lo que mejor sabe hacer, que es rajar, cortar y rebanar.

Dicho esto, la historia gira en torno a un atentado terrorista sobre un avión, en el que casualmente viaja Lobezno. Nuestro querido mutante se despierta en Japón como único superviviente del atentado, sin recordar nada de quién es ni de lo que ha sucedido. A partir de aquí, comienza una aventura en la que Logan debe descubrir todo eso que ha olvidado, lo que le llevará a luchar por detener un nuevo atentado.

Noir, samuráis y yakuzas a medio camino

Obviamente, como cabría esperar, el guión ha sido creado para beber del género noir, en el que su autor es experto, y al ambientarse en Japón se mezclará con todo tipo de temáticas relacionadas con samuráis, yakuzas, honor y artes marciales. Desgraciadamente, Starr no acaba por profundizar ni en lo uno ni en lo otro, quedándose a medio camino de todo y de nada a la vez.

Si a eso sumamos que la historia está construida a base de clichés y elementos típicos de ambos géneros, el de la novela negra y el de samuráis, obtenemos que la originalidad brilla por su ausencia y nos quedamos con un quiero y no puedo en el que solo se salva la violenta acción contenida. Ni siquiera funcionan los giros dramáticos y sorprendentes (que a la postre resultan no serlo) que intenta introducir el guionista, y la alternancia de hechos actuales con flashbacks no hace más que confundir al lector.

Boschi cumple y se olvida al cerrar el tomo

El apartado gráfico, del que se ocupa principalmente Roland Boschi, se queda en una mera anécdota que cumple con lo requerido, pero que no será recordada ni un solo segundo después de cerrar la contraportada del tomo. Quizás, como elemento destacable, se puede comentar el uso del cambio de estilo de dibujo para según en qué época se esté narrando, ya que los flashbacks corren a cargo de Connor Willumson y Félix Ruiz, y el acierto en la mayoría de escenas de acción. Más allá de eso, la discreción es la base sobre la que se construyen los dibujos de la historia.

Y precisamente discreta, o incluso mediocre, es el adjetivo que nos podría servir para resumir una obra típica, poco original y muy inferior a lo esperado. Y lo peor de todo es que no cabe esperar nada mejor. Lo más destacable a nivel general, las portadas de Jock, y con eso queda todo dicho.

100% MAX. Lobezno MAX 2: Huida de L.A.

Nota: 7/10

En una línea: Salto adelante claro respecto al primer tomo: Starr se suelta con sexo y violencia marca MAX, y el dibujo sucio de Leo Fernández sube el nivel. Y por 11 euros.

A pesar de ser una continuación directa del primer tomo de Panini Comics, puesto que este 100 % MAX. Lobezno MAX 2: Huida de L.A. contiene los números 6-10 de la serie original USA, Wolverine MAX, comenzamos un arco argumental completamente nuevo en el que el status quo de Logan ha cambiado ligeramente con respecto al tomo anterior.

Después de su accidentada aventura en Japón, nuestro antihéroe se ha dirigido a la ciudad destino del avión en el que sufrió el accidente, Los Angeles, donde espera descubrir detalles que le ayuden a recuperar su memoria. Aunque la trama principal sigue de fondo, que no es otra que la clásica búsqueda de su pasado con la que ha estado cargando Lobezno durante tantos años, estos números dejan eso como telón de fondo para centrarse en una historia de origen fortuito y final trágico.

Starr hace honor al sello MAX

Jason Starr aúna de nuevo la versión clásica de Lobezno en un nuevo mundo que, dicho sea de paso, hace honor al sello MAX con una buena dosis de sexo, violencia y lenguaje obsceno. Tampoco es que esta versión se aleje demasiado del personaje que ya conocemos, pero sí que se nos muestra, consecuentemente, totalmente desatado en todos los aspectos.

Con esta aventura cerrada y auto-conclusiva, que sirve de parón en la trama principal (aunque sin perderla nunca de vista), Starr se muestra más suelto y más cómodo, y nos presenta un material que aumenta sustancialmente en cuanto a calidad con respecto a los números anteriores. Lobezno quiere seguir descubriendo detalles sobre su vida, pero se lo toma con calma, y no duda en ayudar a una desconocida que, como no podía ser de otra forma, está metida hasta el cuello en asuntos turbios.

Esta situación sirve para que veamos al Lobezno más salvaje, que incluso disfruta haciendo trizas a sus adversarios, pero también al más tierno y comprometido, que no duda en ayudar a la misteriosa mujer a pesar de saber en el fondo que le está engañando. Todo ello plagado de dudas, desconfianzas e instinto, porque si hay algo por lo que se guía nuestro querido mutante es por su instinto (muchas veces animal).

Entra Leo Fernández y sube la calidad

En el apartado gráfico perdemos de vista a Roland Boschi y Félix Ruiz, y damos la bienvenida a Leo Fernández, que se aleja (y con razón) de la temática gráfica oriental adoptada por sus compañeros en el primer volumen para presentar un dibujo sucio y ligeramente caótico que intenta retratar la parte más oscura de Los Angeles. Hay que decir que, si bien en los primeros números los dibujos no eran lo mejor de la obra, con la entrada de Fernández ocurre lo mismo que con el apartado narrativo, que no es otra cosa que un aumento de la calidad. Para nuestro deleite, Jock continúa siendo el artífice de las portadas, las cuales se pueden disfrutar al completo junto a una buena cantidad de bocetos y diseños incluidos al final del tomo.

Lo que debemos sacar en claro de este tomo es que supone un salto hacia adelante con respecto al primero, un aumento de calidad que nos deja con ganas de ver qué pasará con los siguientes números para comprobar si se mantendrá esta mejora exponencial. Además, cinco números de un entretenido cómic como es este por 11 € no está nada mal.

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