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Desde 2006 · Cronologías, fichas y opinión friki · by Universo Álex

5 de octubre de 2026

Opinión

La Comic-Con de Málaga arregló lo que le pedí. Y aun así perdí 60 euros

En agosto escribí por qué le daba una segunda oportunidad y qué tres cosas iba a comprobar. Fui tres días con acreditación de prensa. Esto es lo que me encontré, incluido lo que sigue sin funcionar.

Universo Álex

5 de octubre de 2026 · 11 min de lectura

La Comic-Con de Málaga arregló lo que le pedí. Y aun así perdí 60 euros

El 10 de agosto publiqué aquí por qué le daba una segunda oportunidad a la San Diego Comic-Con Málaga. Dejé por escrito lo que falló en 2025 —colas interminables a casi cuarenta grados sin sombra ni agua, un aforo disparado, una sola entrada haciendo de cuello de botella, más de doscientas quejas a la OCU— y dije que iría a comprobar en persona si lo habían arreglado.

Ya he ido. Tres días, con acreditación de prensa. Y el veredicto, por delante, para no haceros leer dos mil palabras hasta el final: sí, lo arreglaron. Lo arreglaron de verdad, no a medias y no de boquilla.

Y aun así me volví a casa con sesenta euros perdidos y sin una de las firmas que más ilusión me hacía. Las dos cosas son ciertas a la vez, y las dos las voy a contar.

1. Las colas: hay que distinguir dos cosas que no son lo mismo

Esta es la parte donde creo que mucha gente se equivoca al juzgar un evento así, así que la digo clara: que haya colas no es un fallo de organización.

Cuando miles de personas quieren exactamente lo mismo —la firma de su artista favorito, la foto con un actor— lo natural es que haya cola. Eso no es un problema que se pueda arreglar, es la consecuencia física de que algo guste. Pretender lo contrario es no entender cómo funciona un evento con decenas de miles de asistentes.

Lo de 2025 era otra cosa. Lo de 2025 eran colas incomprensibles: para entrar, para beber agua, para necesidades básicas. Colas que no venían de la demanda sino de la mala planificación.

Esas han desaparecido. Este año no hubo ni una sola cola de las que no se entienden. Las que hubo eran las inevitables, las de querer algo que quieren otros cinco mil.

Con una excepción curiosa, y no es culpa de la organización: a primera hora, antes de abrir, seguía habiendo cola en el acceso. Y es llamativo porque la organización hizo justo lo contrario de lo que provoca esas colas: no programó nada imprescindible ni exclusivo a primera hora, precisamente para escalonar la entrada y quitarle la prisa a la gente. Aun así, mucha gente decidió plantarse allí antes de que abriera. Puede que sea ansiedad heredada del año pasado, cuando llegar pronto era la diferencia entre entrar o no. Pero este año no hacía falta.

Asistentes con la bolsa oficial acercandose al arco de entrada de la Comic-Con Malaga 2026
Cola en el acceso antes de abrir. Lo llamativo es que este año no hacía falta: no había nada exclusivo programado a primera hora.

2. El calor: lo que se puede controlar y lo que no

Contra el calor no se puede luchar. Si lo hace, lo hace, y este año hizo mucho. Lo que sí se puede controlar es todo lo demás, y ahí el cambio respecto a 2025 es de otro planeta:

  • Todas las carpas y los interiores, climatizados.
  • Muchos puntos de agua gratuita repartidos, y muchos sitios donde comprar bebida.
  • La zona de Meet the Artist, cubierta con toldos.
  • La zona de comida exterior, también con toldos.

Lo importante de esa lista es lo que permite: si no ibas a por firmas, podías pasarte el cien por cien del tiempo a cubierto y con aire acondicionado. El año pasado eso era imposible.

Avenida de food trucks cubierta con velas de sombra azules sobre cesped
La avenida de comida exterior, cubierta de velas de sombra. Esto, en 2025, era sol directo.

¿Hubo gente al sol? Sí, en contadas ocasiones, cuando la demanda de una firma concreta hacía que la cola se saliera de los toldos. Y yo mismo, como prensa, me comí horas de cola al sol para entrar a algún panel. Volveré a eso más abajo, porque no es un detalle menor.

3. El acceso: la entrada única ya no es un cuello de botella

La cola general tenía muchos accesos en paralelo, montados para que aquello fuese rápido. Se mantiene la cola especial para cosplayers, que me sigue pareciendo buena idea: es una forma elegante de premiar a quien se curra el disfraz.

A partir de ahí, todo dependía de lo rápidos que fuesen los guardias de la puerta y los voluntarios leyendo los códigos QR. Que es exactamente como debe ser: un problema de ritmo, no un problema estructural.

4. La carpa climatizada: la promesa gorda, cumplida

Este era el gran anuncio del año y el que más escéptico me tenía. Funcionó.

Dentro se estaba de lujo. Muchísimo espacio, pasillos amplios, todo bien repartido. Cero sensación de agobio. Y al haber varias carpas, no solo había más sitio: había más cosas.

Pasillo interior del recinto con stands y asistentes cargando la bolsa oficial del evento
Dentro de las carpas: pasillos anchos, stands repartidos y sitio para moverse.

Comparadlo con lo que yo mismo viví en 2025: pasillos abarrotados, gente sin poder avanzar, gente que salía de un recinto y no podía volver a entrar por exceso de aforo. Nada de eso pasó.

Hay un matiz honesto que conviene decir: parece que el jueves y el viernes no se completó el aforo. El sábado sí, y se notaba más gente. Pero —y esto es lo relevante— la sensación de espacio y libertad seguía siendo la misma. O sea que no era solo que hubiera menos gente: es que el recinto estaba mejor pensado.

5. Lo que no esperaba: que cumplieran

Voy a decir algo que suena naíf y lo digo en serio. Lo que más me sorprendió fue comprobar que habían hecho exactamente lo que prometieron.

No estamos acostumbrados a eso. Lo normal es el anuncio grandilocuente en primavera y la versión descafeinada en septiembre. Aquí no: lo que dijeron que iban a montar, lo montaron.

Zona de descanso a la sombra con bancos de madera y cesped artificial
Zonas de sombra y descanso repartidas por todo el recinto. Nada de esto existía el año pasado.

Y hubo algo más, que no estaba en ninguna nota de prensa. Había muchísima gente de la organización por todas partes, incluido el director, atendiendo y echando una mano en lo que hiciera falta. Se les notaba falta de experiencia, eso es verdad. Pero con amabilidad y actitud te resolvían cualquier duda y cualquier problema. Y prefiero mil veces eso a un equipo veterano que te mira por encima del hombro.

6. El sorteo de paneles: voy a defender lo que casi todo el mundo criticó

Aquí me voy a quedar solo, pero lo mantengo: soy firme defensor del sorteo.

La alternativa es el sistema de siempre: se abre una web a una hora y se lo llevan los primeros que consiguen cargar la página. Eso no es justo, es un atropello disfrazado de meritocracia donde lo que gana es tu conexión y que tu jefe te deje mirar el móvil a las once de la mañana.

Con el sorteo, todo el mundo tenía tiempo de registrarse y luego tocaba o no tocaba. Y si no te tocaba, quedaba mucho aforo disponible para quien decidiera ir a hacer cola allí. O sea que ni siquiera era una lotería de todo o nada.

¿Fue perfecto? No. Hubo a quien le cayeron varios paneles y a quien no le cayó ninguno, y eso escuece. Pero casi todo el que iba en grupo acabó entrando a algo: si no le tocaba a uno, le tocaba al otro.

7. Y ahora, lo que falló

Nada de lo anterior me impide decir que hubo cosas mal. Tres, en concreto.

La cola de prensa. Horas de cola al sol para acceder a paneles, teniendo acreditación. No es solo incómodo: es que tiene consecuencias, y la siguiente es la mía.

Los sesenta euros que perdí. Tenía pagada una firma de Deborah Ann Woll para una franja horaria concreta. No pude ir a esa franja porque estaba atrapado en una de esas colas de prensa para entrar al panel de Disney. Horas antes de mi franja, Deborah estaba firmando con acceso libre y no había absolutamente nadie en la cola. Pregunté si podía usar entonces mi QR, el que ya había pagado, para que me firmara. Me dijeron que no.

El resultado: me quedé sin la firma y perdí sesenta euros. No por un fallo informático, no por falta de hueco, no por una norma que proteja a nadie. Por aplicar un procedimiento sin mirar lo que tenía delante, que era una artista desocupada y un asistente con el ticket pagado en la mano. Eso es un error gordo y hay que decirlo.

La entrada al Artist Alley, escondidísima. Un detalle menor comparado con lo anterior, pero cuesta poco arreglarlo y mejora la vida de los expositores, que son los que menos ruido hacen y más se juegan.

Entrada de la zona Meet the Artist, bajo toldos, con asistentes y cosplayers haciendo cola
La zona de Meet the Artist, señalizada y a cubierto. La entrada al Artist Alley, en cambio, había que buscarla.

Y una cuarta cosa, que no es un fallo logístico sino de criterio: se siguieron notando ciertos privilegios. No voy a dar nombres ni a detallar casos, y prefiero decir por qué: en este mundillo nos conocemos todos y no me interesa señalar a nadie en particular. Pero sí voy a dejar dicho el principio, porque la organización es quien lo permite y quien puede corregirlo: que alguien tenga muchos seguidores o participe en un panel no debería darle derecho a todo. Y menos cuando ese «todo» se paga en la cola de quien lleva tres horas esperando.

Entonces, ¿merece la pena? ¿Vuelvo en 2027?

Rotundamente sí.

Y lo dice quien escribió en agosto que lo de 2025 había sido un desastre estructural y que iba con la mosca detrás de la oreja. Las tres cosas que denuncié están arregladas. El recinto funciona. La gente de la organización está ahí y quiere ayudar. El cartel de invitados fue una barbaridad.

Quedan cosas por pulir, y las de este año tienen una pinta muy concreta: no son problemas de concepto, son problemas de rodaje. Procedimientos demasiado rígidos aplicados por gente a la que todavía le falta tablas para saber cuándo una norma protege algo y cuándo solo estorba. Eso se arregla con un año más de experiencia.

Si me preguntas si ir en 2027, te digo que sí sin dudarlo. Y si me preguntas qué le pido a la organización para entonces, es fácil: que trate la cola de prensa como trata el resto del recinto, y que a quien ya ha pagado por una firma no le hagan perderla por un tecnicismo cuando el artista está ahí mismo, sin nadie delante.

Una cosa más, que explica el año que viene

Hay algo que conviene decir y que no sale en ninguna crónica, porque no se ve en el recinto: este año se ha notado el castigo. Los errores de 2025 —cometidos por quien lo organizaba entonces— se han pagado en 2026 en forma de gente que decidió no volver. Por eso el jueves y el viernes no se completó el aforo. No es que la Comic-Con de Málaga interese menos: es que el año pasado quedó un mal sabor de boca y eso tarda un año entero en limpiarse.

Y aquí está lo interesante, porque el boca a boca de este año va justo en la dirección contraria al del año pasado. Quien ha venido se va contando que funcionó. Eso no se paga con publicidad y es lo único que de verdad llena un recinto. Mi apuesta es sencilla: en 2027 habrá más apoyo y más asistencia que este año, y será por lo que se ha hecho bien ahora, no por lo que anuncien en primavera.

Lo que pasa es que 2027 no es un año cualquiera: es el último del contrato inicial de tres. El año en el que hay que demostrar que esto merece la pena ampliarse y seguir en Málaga. Y se presentan a esa cita en el mejor momento posible, con una edición buena recién hecha y el boca a boca empujando a favor.

Tienen el viento de cara por primera vez. Solo les queda no desaprovecharlo.

Imágenes: repositorio oficial de prensa de la San Diego Comic-Con Málaga 2026.

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