
Aprovechando que todo el mundo está hablando de Eternia gracias al estreno de la nueva versión de 2026, es el momento perfecto para mirar hacia atrás. La película original de Masters del Universo (1987) es hoy una obra de culto absoluta, pero su producción fue un auténtico infierno que casi le cuesta la carrera (y la salud) a su reparto.
Desde trajes que eran auténticos instrumentos de tortura hasta decorados destruidos por falta de presupuesto, desglosamos las curiosidades más oscuras y los accidentes ocultos de un rodaje que marcó una época.
1. El bocado de Skeletor: El calvario de Frank Langella
Aunque Dolph Lundgren se llevó todas las miradas por su físico, la verdadera estrella de la función fue Frank Langella como Skeletor. Lo que casi nadie sabe es que el actor aceptó el papel única y exclusivamente porque su hijo pequeño era fanático de los juguetes de Mattel, pero el rodaje se convirtió en un tormento físico.
La máscara de látex que le cubría el rostro requería más de tres horas diarias de maquillaje y bloqueaba por completo sus conductos sudoríparos. Durante las escenas de acción en los platós cerrados, que alcanzaban temperaturas altísimas por los focos, Langella sufría deshidratación severa. Para colmo, las prótesis dentales que le pusieron para simular los dientes de la calavera le impedían tragar saliva correctamente, obligándole a rodar con un equipo de asistencia médica permanente al lado del set que le limpiaba la boca entre toma y toma para evitar que se asfixiara.
2. Heridas de guerra: Las espadas reales de Dolph Lundgren
Dolph Lundgren era un artista marcial de élite en la vida real, pero interpretar a He-Man con un taparrabos y unas tiras de cuero resultó ser más peligroso que enfrentarse a Sylvester Stallone en Rocky IV. El director de la cinta, Gary Goddard, quería que las batallas tuvieran «peso», por lo que en lugar de usar réplicas ligeras de aluminio o resina, obligó al equipo a fabricar espadas de acero real que pesaban casi 5 kilos.
Lundgren, que rodaba prácticamente desnudo, sufrió cortes profundos en los brazos y las piernas debido a las chispas reales que saltaban en los duelos coreografiados. Además, las botas de cuero clásicas del personaje no tenían ningún tipo de amortiguación ni agarre, lo que provocó que el actor sueco se esguinzara los dos tobillos durante las escenas de saltos en el clímax de la película. Terminó el rodaje infiltrado para no detener la producción.
3. El colapso de la Cannon y el final cortado «por sorpresa»
La productora detrás de la película era la mítica (y caótica) Cannon Films, conocida por sus presupuestos ajustados y sus deudas masivas. A mitad del rodaje de Masters del Universo, la productora entró oficialmente en bancarrota. Un día, mientras el equipo rodaba el enfrentamiento final entre He-Man y Skeletor, los ejecutivos irrumpieron en el set y ordenaron apagar las luces: se habían quedado sin dinero para pagar la electricidad del plató.
Debido a esto, la batalla final tuvo que ser recortada drásticamente en la sala de montaje. El director no pudo rodar el desenlace que tenía escrito en el guión, lo que obligó a improvisar ese plano final donde He-Man levanta la espada sobre un fondo azul genérico. Además, los decorados fueron confiscados por los acreedores de la productora apenas unas horas después de que los actores abandonaran el edificio.
4. El peligro del fuego real: Courteney Cox y las explosiones sin control
Mucho antes de alcanzar el estrellato mundial y la inmortalidad televisiva gracias a su papel de Monica Geller en Friends, una jovencísima Courteney Cox consiguió uno de sus primeros papeles importantes en el cine interpretando a Julie Winston en esta producción. Lo que la actriz no sabía es que el equipo de efectos especiales de la Cannon Films se regía por las peligrosas leyes de la vieja escuela, donde la seguridad de los actores pasaba a un segundo plano frente al espectáculo visual.
Durante el rodaje de las persecuciones en la Tierra, el director quería que las explosiones y los disparos de las armas láser de las tropas de Skeletor se sintieran lo más realistas posible. En lugar de utilizar efectos ópticos en postproducción (que resultaban demasiado caros para la productora), se optó por instalar cargas de pólvora real y pirotecnia a escasos centímetros de los actores.
Cox confesó años después que pasó auténtico terror en el set, ya que en una de las tomas donde su personaje debía huir corriendo por un callejón, una de las cargas pirotécnicas explotó antes de tiempo, quemando parte de su vestuario y dejándole pitidos en los oídos durante días. Las lágrimas de pánico de la actriz que se ven en el metraje final eran, en gran parte, completamente reales.
5. El clímax a oscuras: Una pelea final iluminada con linternas
Como comentábamos antes, la crisis financiera de la productora Cannon Films estalló de la peor manera posible justo cuando se iba a rodar el enfrentamiento final entre He-Man y Skeletor. La orden de los ejecutivos de cortar la financiación y apagar los focos del plató principal dejó al equipo técnico y a los actores sumidos en el caos más absoluto, pero el director Gary Goddard se negó a tirar la toalla y dejar la película inacabada a falta de la escena más importante.
Ante la imposibilidad de usar la iluminación profesional del estudio, el director de fotografía y el equipo de producción tuvieron que improvisar una solución desesperada y rudimentaria: rodar el combate utilizando linternas de mano, focos portátiles alimentados por baterías de coche y luces de emergencia.
Esta alarmante falta de recursos obligó a cambiar las coreografías de los espadazos sobre la marcha, ya que tanto Dolph Lundgren como Frank Langella apenas podían verse las caras en la penumbra del decorado. Paradójicamente, este desastre logístico acabó jugando a favor de la atmósfera de la película. El tono lúgubre, los fogonazos de luz intermitentes y las sombras gigantescas que se proyectan en las paredes del Castillo de Grayskull durante el duelo no fueron una decisión artística premeditada, sino el resultado de un equipo de cineastas atrapados a oscuras intentando salvar la película como buenamente podían.




