Reseña · sin spoilers
Street Fighter (sin spoilers)
La historia es simple, típica y poco original, y da exactamente igual, porque está al servicio de lo único que de verdad importaba aquí: que los personajes, los golpes, los escenarios y hasta los gritos de las técnicas sean los del videojuego. Esto es lo que me ha parecido, sin desvelar nada.
Vi Street Fighter ayer en el pase de prensa, en versión original subtitulada al castellano y un día antes de que llegue a los cines. Lo digo arriba del todo porque me parece lo justo que sepáis cómo la he visto antes de leer una sola línea de lo que opino, y de paso aprovecho para repetir lo de siempre: aquí no hay spoilers, ni de la trama, ni del final, ni de la escena que hay después de los créditos. Solo lo que necesitáis para decidir si vais al cine.
Dicho lo cual, voy a hacer algo que no suelo hacer, que es explicaros la nota antes de ponerla. Porque esta vez la nota necesita contexto, y me parecería tramposo soltárosla sin él.
Aviso: este 7 lleva trampa
Le pongo un 7, y quiero ser honesto con lo que significa ese número, porque es una nota movida por la nostalgia y por el disfrute enorme de ver una adaptación genial del videojuego con el que me crié. Si me pongo estrictamente cinéfilo y la juzgo como se juzga una película, dejando la máquina recreativa fuera de la ecuación, lo más probable es que ese número bajara bastante. No me escondo detrás de eso: lo pongo delante, porque creo que es justo lo que necesitáis saber para decidir si Street Fighter es para vosotros o no.
Resumido en una frase: Street Fighter no es una gran película, es una adaptación extraordinaria. Y a mí, que llevo media vida metiéndole monedas a esto, me ha hecho inmensamente feliz. Si eso os vale, seguid leyendo, porque todo lo que viene a continuación parte de ahí.
La fidelidad raya en lo enfermizo, y ese es el mayor elogio que puedo hacerle
Aquí está la razón de todo lo demás, así que me voy a extender. Los movimientos de los luchadores son los del juego, los golpes son los del juego, y con ellos vienen las técnicas, las posturas, las frases e incluso los diálogos. Los escenarios están adaptados en lugar de calcados, pero se reconocen a la primera, y con los vestuarios pasa exactamente lo mismo. La banda sonora son versiones de las músicas de la recreativa, suenan los efectos de sonido del juego, y cuando un personaje ejecuta una técnica la grita igual que en la máquina, con un tono y una voz que juraría que son los mismos de entonces.
Sobre el papel, todo eso junto suena a receta infalible para el ridículo. Pues no lo es en ningún momento, porque encaja con el tono que ha elegido la película, y ahí está precisamente el mérito de lo que han hecho: han entendido que la fidelidad no era un riesgo que asumir sino el motivo entero por el que merecía la pena rodar esto.
Luego están las referencias, que son infinitas y de las que no pienso destriparos ni la mitad, aunque os dejo tres para que os hagáis a la idea del nivel al que están jugando. La fase bonus del coche está. El final de Ryu, ese en el que se aleja caminando de espaldas con el macuto al hombro, está. Y hay hasta una broma con el traje rosa de Dan. Si habéis jugado de verdad, vais a pasaros la película señalando la pantalla y dándole codazos al de al lado.
Las peleas se ven, y las técnicas no dan vergüenza ajena
Mi gran miedo antes de entrar en la sala era este, y lo digo sin rodeos: que las técnicas quedaran ridículas en imagen real. No queda ridícula ni una. Las peleas son nítidas, dinámicas y rápidas, están coreografiadas con un cuidado que se agradece, y en todo momento se ve lo que está pasando, que a estas alturas del cine de acción ya es casi un milagro. Hay además un trabajo físico enorme detrás y se nota en pantalla, porque cada puñetazo y cada patada, por simples que sean, son los del juego.
Y por si alguno se lo está preguntando antes de llevar a los críos, aviso: durante la mayor parte del metraje Street Fighter es tan inofensiva como el videojuego del que sale, pero no lo es de principio a fin. Hay sangre, hay huesos rotos y hay una pelea concreta que se pone seria de verdad, con una muerte de por medio. No os voy a decir cuál es ni quién cae, pero conviene que lo sepáis: ni es gore ni es una carnicería, aunque tampoco es la fiesta de tortas sin consecuencias que podríais estar imaginando.
Los flashbacks animados piden a gritos su propia película
Esto no me lo esperaba en absoluto y es de lo que más ganas tengo de hablar. Todos los flashbacks están hechos en animación 2D clásica de altísima calidad, en un estilo que es anime pero con alma americana, y el resultado es sencillamente brutal. Ya sé que de Street Fighter hay animación de sobra, que la franquicia lleva décadas dando películas y series en ese formato, así que no estoy pidiendo lo obvio: lo que digo es que a partir de esos flashbacks concretos sale una precuela completa, con esa historia y en ese mismo estilo, y que yo la quiero ver ya.
Más allá de eso, esos tramos animados refuerzan una sensación que acompaña a toda la película. Entre la estética, los temas que toca y la fotografía, uno acaba con la impresión de estar viendo un anime en imagen real, y le sienta de maravilla.
El reparto lo clava, pero tengo que puntualizar
El reparto está excelente y cada actor encaja a la perfección en su papel, hasta el punto de que cuesta señalar un fallo de casting. Solo me chirrían dos cosas, y una de ellas es gorda.
La primera es menor y es Blanka, que está muy bien representado pero queda raro de todas formas. Lo entiendo perfectamente, porque es una bestia bastante extraña ya de partida y tampoco se me ocurre cómo se lleva eso a imagen real sin que cante un poco.
La importante es Bison. David Dastmalchian lo hace de fábula e impone de verdad como villano, pero no es el Bison de los juegos: no es un tipo físicamente imponente, grande y poderoso. La película lo justifica, y lo justifica bien, porque aquí todavía está intentando hacerse con el psycho power y él mismo reconoce que físicamente es débil y que no está a la altura. Así que la cosa acaba siendo una dicotomía incómoda, de esas que no sé resolver: la explicación cuadra, está al servicio de la trama y la interpretación se acaba imponiendo por sí sola, pero sigue sin ser lo que uno tiene en la cabeza cuando piensa en Bison, y esa sensación no se va del todo.
Quién está, quién falta y de quién quieres más
De los personajes originales de Street Fighter II están todos. De los cuatro que llegaron con Super solo aparece Cammy, así que no hay rastro de T. Hawk, de Fei Long ni de Dee Jay, salvo que se me haya escapado algún cameo fugaz. De entregas posteriores tenemos a Juli y a Akuma, y también asoman Gouken y Don Sauvage. Pero el guiño que a mí me hizo más gracia es otro: está Joe, que solo aparecía en el primer Street Fighter de todos. Ahí se ve que quien ha montado esta película sabe perfectamente de lo que habla.
Todos tienen su momento de lucha con alguna técnica, pero a varios se les ve poquísimo, y a mí concretamente me faltó más Guile: aparece y pelea, pero se queda corto para lo que ese personaje significa. Imagino que cada uno echará en falta a los suyos y es comprensible, porque meterlos a todos era sencillamente imposible.
La historia es de acción noventera, y da exactamente igual
Seamos claros: la trama es muy simple, muy típica y nada original, de película de acción de los noventa o de principios de los dosmiles con todo lo que eso arrastra. Y no molesta lo más mínimo, porque está al servicio de todo lo demás y porque esta película no aspira a ningún premio al mejor guion ni lo pretende. Sabe a qué ha venido. Va de cachondeo, pero en su justa medida, aceptando sin ningún complejo que está adaptando un videojuego de luchadores con poderes; hay algún momento pasado de rosca, pero es a propósito y se nota que lo es. Es una película muy consciente de lo que es, de cómo serlo en cada momento y de a quién le está hablando.
Y aquí conviene mirar atrás, a Street Fighter: La Última Batalla, la de 1994 con Van Damme de Guile y Raúl Juliá de Bison. Aquella hizo bastantes cosas bien, bastantes más de las que se le reconocen hoy, pero falló en muchas otras, y el fallo gordo es justo el que esquiva la de ahora: quiso ser una película seria. Y eso es imposible cuando vienes del material del que vienes, porque el material no lo es ni pretende serlo. Street Fighter lo tiene clarísimo desde el primer minuto, y por eso funciona en el sitio exacto donde la otra se estrellaba.
Lo que sí tiene, y conviene decirlo porque es lo que la separa de ser un torneo de cromos sin más, es un hilo conductor de verdad: Ryu peleando por contener el poder oscuro que lleva dentro, y Ken a su lado haciendo de ancla para protegerlo de sí mismo. Ni me lo invento ni os destripo nada, que eso está en la sinopsis oficial —el torneo esconde una conspiración para enfrentarlos entre ellos y a sus demonios— y se ve en los tráileres. Y me parece el acierto de guion más importante de la película, porque de todos los hilos que podían haber elegido, ese es el que de verdad arrastra a estos personajes desde los juegos.
Apenas tiene bajones de ritmo y de hecho se hace corta, aunque no por buena gestión del metraje sino justo por lo contrario: porque quieres más de cada luchador. Si tengo que pedir algo, pido más peleas y más largas.
Street Fighter: ¿vale la pena verla?
Depende de con qué entréis en la sala, y aquí no os voy a vender nada. Si no sabéis lo que es Street Fighter, o solo os suena de oídas, o le echasteis cuatro partidas en un recreativo hace treinta años, no la vais a disfrutar igual: muchos saldréis diciendo que es entretenida y divertida y os quedaréis tan anchos, y otros diréis que es una americanada del montón, y desde ese punto de vista no os voy a quitar la razón. Eso sí, no hace falta saber quién es quién, porque la película explica lo justo para que cualquiera se entere de todo lo que tiene que enterarse.
Ahora bien, si sois fans del videojuego o le habéis metido horas de verdad, Street Fighter es un disfrute excepcional, y la gracia está justo ahí: en ver cobrar vida de forma fiel a estos personajes, a sus movimientos, a sus escenarios, a sus técnicas y a sus detalles.
Va muy en la onda de lo que consiguió Masters del Universo, que se llevó un 8 en esta casa: tirar de nostalgia y hacerlo con fidelidad para contentar al que de verdad venía buscando eso. Y bebe directamente del cine de acción de artes marciales de toda la vida, del Kickboxer y el Contacto Sangriento de Van Damme. Lo cual me lleva al reverso de la moneda, que es Una Película de Minecraft, con un 4 en esta web: aquella también se edificaba sobre la nostalgia, pero conmigo no tenía nada que hacer porque yo no he tocado Minecraft en mi vida. Y esa es exactamente la palanca de la que os hablaba al principio, la que mueve este 7 y la que no se puede fingir.
Y sí, hay escena post-créditos. No voy a contar qué pasa en ella, pero sí os digo que si sumáis el final con esa escena la película queda tan abierta que casi se podría decir que no termina: funciona más como un capítulo que cierra su arco y te deja listo para el siguiente que como una película redonda. Ya me diréis si eso os molesta o si, como a mí, os deja con ganas de más.
Según se vaya sabiendo lo que viene después —secuela, fechas, lo que se filtre— lo contaré antes que en ninguna parte en la newsletter, a la que os podéis suscribir aquí.
Lo mejor: la fidelidad al videojuego, llevada hasta los efectos de sonido y los gritos de las técnicas, y unos flashbacks animados de los que saldría una precuela entera que firmaría ahora mismo.
Lo peor: que Bison no sea físicamente el Bison de los juegos, por bien que lo justifiquen. Y quedarte con ganas de más pelea, más metraje y más Guile.
Veredicto: 7 sobre 10
La nota de Universo Álex para Street Fighter (sin spoilers), después de verlo entero. Es la misma que aparece en su ficha y en las listas del sitio.
¿No estás de acuerdo? Dímelo
Discuto de esto todos los días. Ahí es donde se pone interesante.