James Gunn lo tiene claro con DC, pero hace falta que el público le dé tiempo

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Banner de Supergirl

Si algo ha dejado claro James Gunn desde que tomó las riendas de DC Studios es que no quiere construir este nuevo universo a base de prisas, parches y calendarios obligatorios. Su criterio, al menos sobre el papel, es bastante simple: no sacar adelante películas sin un guión terminado que realmente funcione. De hecho, él mismo explicó que DC llegó a tumbar un proyecto ya encaminado porque el libreto no estaba listo, mientras destacaba que los guiones de Supergirl, Linternas y Clayface habían llegado especialmente fuertes.

Eso, dicho así, puede sonar a declaración lógica. Pero en una franquicia que lleva años asociada a volantazos, correcciones sobre la marcha y decisiones tomadas con más ansiedad que convicción, en realidad es una declaración bastante importante. Gunn no está vendiendo solo personajes, está intentando vender criterio. Y eso, para DC, ya es casi una novedad.

Superman fue el arranque lógico del nuevo DCU, pero no una apuesta fácil

Superman era el movimiento que parecía inevitable, pero eso no lo convertía en una jugada cómoda. DC la presentó como la primera película del nuevo universo compartido en acción real, escrita y dirigida por el propio Gunn, y como el gran punto de arranque de esta nueva etapa. Era, en otras palabras, la película que tenía que convencer al público de que ahora sí había un plan.

Y precisamente por eso tenía tanta presión. Porque lanzar un nuevo DCU con Superman no significa jugar sobre seguro. Significa tocar al personaje más simbólico de la casa, al héroe que arrastra más comparación, más expectativa y más debate previo. Si salía mal, el golpe era enorme. Si salía bien, no arreglaba todo de un día para otro, pero al menos abría una puerta.

Supergirl es una apuesta todavía más arriesgada para James Gunn

Lo verdaderamente interesante llega ahora. Porque la siguiente gran parada del plan no es Batman, ni una reunión de héroes, ni una jugada ultra conservadora. Es Supergirl, que se estrena el 26 de junio de 2026, dirigida por Craig Gillespie, protagonizada por Milly Alcock y escrita por Ana Nogueira. Además, DC la está colocando oficialmente como el siguiente largometraje del DCU y como una película muy distinta en tono y planteamiento.

La propia sinopsis oficial ya marca bastante bien por dónde va el tiro: Kara Zor-El se ve obligada a unirse a una compañera inesperada en un viaje interstellar de venganza y justicia después de que una amenaza brutal golpee demasiado cerca de casa. No suena a repetición de Superman. No suena a “más de lo mismo con otro traje”. Suena a una aventura mucho más cósmica, más dura y bastante menos luminosa.

Y eso me parece clave. Porque seguir a Superman con Supergirl ya sería una decisión llamativa. Pero seguirlo con una Supergirl planteada como una historia espacial, áspera y cargada de sed de venganza ya no es solo una decisión llamativa: es una declaración de intenciones.

Esta Supergirl no quiere parecerse a Superman, y ahí está la gracia

Gunn ya había dejado caer desde el anuncio del proyecto que esta versión de Kara iba a ser mucho más dura que la imagen clásica que mucha gente tiene del personaje. En esa primera presentación de la película, explicó que esta Supergirl había crecido en un fragmento de Krypton y había visto morir a quienes la rodeaban, lo que la convertía en una figura mucho más endurecida y desencantada que Clark.

Eso encaja perfectamente con lo que DC ha seguido contando después. En su cobertura oficial del proyecto, Gunn señaló que el guión de Ana Nogueira fue tan bueno que lo aprobaron de inmediato, mientras Craig Gillespie remarcó que la película tiene un tono muy distinto al de Superman y que, además, se mueve en un terreno completamente espacial. La idea, según explicó el propio director, es que cada película del DCU pueda sentirse como “su propia novela gráfica”, con voz y personalidad propias.

Y sinceramente, ahí está una de las mejores señales del plan de Gunn. Porque si el nuevo DCU quiere sobrevivir, no puede limitarse a copiar una sola fórmula. Necesita que cada proyecto tenga identidad. Necesita que Superman pueda ser esperanza y que Supergirl pueda ser rabia, trauma y ciencia ficción sin que parezca que una traiciona a la otra.

El verdadero reto del DCU no es arrancar, sino consolidarse

Aquí es donde entra la paciencia del público. Porque una cosa es aceptar que Gunn tiene una dirección clara, y otra muy distinta es darle tiempo para desarrollarla. El problema de muchas franquicias modernas es que se las juzga como si cada estreno tuviera que ser una prueba definitiva de éxito o fracaso total. Y eso, en un universo nuevo, es una trampa.

Si la estrategia de DC Studios pasa por priorizar guiones cerrados, no producir por cuota y dejar que cada proyecto tenga un tono propio, entonces lo lógico sería juzgar el conjunto cuando haya varias piezas sobre la mesa. No cuando apenas ha empezado a enseñar sus cartas. Porque ahí es donde realmente se verá si el sistema funciona: cuando Superman y Supergirl convivan no como copias, sino como expresiones distintas de una misma visión.

Supergirl puede decir mucho más sobre el plan de Gunn que Superman

Y aquí va mi impresión de fondo: Superman era importante, sí, pero Supergirl puede ser incluso más reveladora. Porque lanzar a Superman siempre tiene una lógica casi automática. Es el icono. El punto de entrada obvio. El gran emblema de DC. Pero lanzar justo después una Supergirl más épica, más oscura, más rota por dentro y mucho más volcada en la ciencia ficción cósmica ya no responde solo a la lógica del icono, sino a una visión editorial.

Si esta película funciona, no solo habrá funcionado Supergirl. Habrá funcionado una idea más importante: que el nuevo DCU puede crecer sin necesidad de repetir siempre el mismo tono, el mismo tipo de héroe o la misma energía. Y eso sería muchísimo más valioso que un simple “segunda película aprobada”.

James Gunn parece tenerlo bastante claro. El público, todavía no

A mí, al menos, eso es lo que me transmite ahora mismo el plan de DC Studios. Gunn no parece estar construyendo este universo para apagar fuegos semanales en redes ni para reaccionar a cada cambio de viento. Lo que da la sensación es que está intentando levantar una línea editorial bastante clara: primero un Superman que devuelva al personaje su peso simbólico y su humanidad, después una Supergirl mucho más áspera, más rota por dentro y más volcada en la ciencia ficción, y más adelante El Hombre del Mañana, que también será clave para medir si esta nueva etapa de DC de verdad tiene continuidad.

Y eso cambia bastante la lectura de todo. Porque entonces Supergirl no queda solo como “la siguiente película” después de Superman, sino como una pieza importante dentro de un bloque mucho más concreto. Si Superman sirve para presentar la base emocional y moral del nuevo DCU, Supergirl parece llamada a demostrar que ese universo también puede ensuciarse, doler y expandirse sin perder identidad. Y después será El Hombre del Mañana la que tendrá que recoger parte de ese recorrido y confirmar que esto no eran solo dos apuestas aisladas, sino una dirección real.

Por eso creo que la paciencia del público va a ser más importante de lo que parece. Porque una franquicia así no se consolida con una sola película, ni siquiera con dos. Se consolida cuando empieza a notarse que hay una lógica entre ellas. Que Superman no era solo el reinicio más obvio, que Supergirl no era solo una rareza dentro del calendario, y que El Hombre del Mañana no llega simplemente para repetir la jugada, sino para seguir construyendo algo con sentido.

Al final, esa es la cuestión. James Gunn parece tener claro que este nuevo DCU no puede vivir solo de iconos reconocibles, sino también de contrastes, de tonos distintos y de personajes marcados por heridas muy diferentes. Superman representa una forma de mirar al futuro. Supergirl, otra mucho más dura. Y El Hombre del Mañana puede ser el punto en el que todo eso empiece a sentirse de verdad como un universo con voz propia.

Ahora solo falta que el público le dé tiempo.