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22 de septiembre de 2026

Reseñas

Reseña · sin spoilers

Los 4 Fantásticos de Jonathan Hickman: dos críticas

La etapa de Jonathan Hickman en Los 4 Fantásticos, vista dos veces: una crítica de conjunto y otra de los números 29 a 31. Aquí están juntas, cada una con su nota.

Universo Álex

30 de marzo de 2012 · Actualizado el 22 de septiembre de 2026 · 8 min de lectura

Los 4 Fantásticos de Jonathan Hickman: dos críticas

«Solve everything». Los 4 Fantásticos de Jonathan Hickman

Nota: 9/10

En una línea: O te la compras toda o no te la compres. La descompresión y el baile de dibujantes lastran, pero la etapa de Hickman está entre las mejores.

Soluciónalo todo. Es lo que Reed Richards se dice a sí mismo en el primer número de la colección regular de los 4 Fantásticos guionizado por Jonathan Hickman.

¿Por qué dar soluciones parciales cuando en realidad tienes la capacidad de solventarlo todo?

Como premisa inicial es, cuando menos, arriesgada. Resuélvelo todo. No dejes nada sin atar. La gran idea de un guionista ambicioso. Osado como poco. Alguien que nada más empezar, se traza una meta difícil de conseguir. Un desafío casi imposible. Y sin embargo, para sorpresa de todos, Jonathan Hickman está muy cerca de conseguirlo. Increíblemente cerca.

Pero empecemos por lo malo. Que lo hay. Nada es perfecto en esta vida, salvo Watchmen.

La maldita descompresión y el baile de dibujantes

El primer reproche que tengo que hacerle a esta etapa es quizás también su mayor virtud. No se disfruta plenamente de ella hasta que no tienes unos 40 números (aproximadamente) en tus manos y la historia se completa y te desvela todo los secretos que habían estado allí planteados desde el principio. Esa magia que surge ante ti al releer lo publicado conjuntamente y ver cómo van encajando cada una de las piezas, se pierde si coges algún número al azar de la colección y lo aíslas. Que todo funcione como un inmenso mecano va en detrimento del lector casual que se acerca de vez en cuando a la colección y se aleja abrumado al no entender nada de lo que allí se está planteando. O sea: o te la compras toda o no te la compres. Así de sencillo. La maldita descompresión. Además, Hickman comete la temeridad, la audacia de manejar un buen número de elementos clásicos y simbólicos de la colección. Utiliza villanos, escenarios, personajes y tramas clásicos siempre presentes en cada una de las etapas de los astronautas de lo imposible, pero en lugar de desarrollarlos uno a uno y de manera aislada y paulatina, los entrecruza a lo largo de la historia, haciendo un mural extenso en el que cada uno tiene su parte, lo que nos lleva en ocasiones a verlos desdibujados, a sentir que quizás tendría que haberles dedicado un poquito más de tiempo. A Annihilus. Al Doctor Muerte. A los Kree y a la Inteligencia Suprema. Al Hombre Topo. A los Inhumanos.

El segundo reproche es, al estar hablando de una colección de Marvel, prácticamente inevitable. 40 números, dos colecciones diferentes, periodicidad mensual. Razones más que suficientes para derivar en un baile epiléptico de dibujantes. Buenos, malos, regulares, mediocres, confusos. Y eso no mola, gente. No mola nada de nada. En historias como estas en el que se aprecia una continuidad argumental clara, en el que todas las cosas están relacionadas y van hacia el mismo sitio, se agradece que haya cierta uniformidad estética, algo que amalgame y le dé una coherencia formal más allá del argumento. Y no me digáis que no es posible. Mark Bagley estuvo más de 100 números dibujando Ultimate Spiderman con puntualidad británica. Hay gente competente y muy capaz, quizá no estelar, pero sí profesional y constante. Y era eso precisamente lo que la historia requería. Un Mark Bagley de turno. No intercalar números de un Steve Epting al que detesto profundamente con una serie de autores al azar.

A pesar del mareo gráfico, me ha encantado

Y a pesar de todo, a pesar del mareo gráfico, de abarcar más de lo que se puede apretar, de necesitar 40 números mensuales de 22 páginas para contarnos algo, puedo decir convencido que lo que he leído me ha encantado. Puro momento bipolar.

Al enfrentarme a los 9 tomos en preciosa tapa dura y con solapa brillante enviados de forma diligente por Amazon (incluyo aquí el Dark Reign: Fantastic Four que sirvió como prólogo no oficial a la andadura de Hickman en la colección regular) como un ente completo, he comprobado que nada más abrirlos y comenzar a releer, una sonrisa cruzaba mi cara. La sonrisa de la comprensión. De la idea feliz que te asalta ante un problema complejo. La sonrisa del ahora lo entiendo todo.

Todo estaba allí desde la primera viñeta

Y es que todo estaba allí. Desde el principio. Desde la primera viñeta. Todo planteado. Todo listo. Todo esperando a ser desentrañado como un complejo nudo. Pocas cosas pueden igualar la felicidad que siente el lector cuando ve encajar las piezas, cuando descubre el engaño, cuando se le desvela la sorpresa, cuando puede ver el plan maestro en toda su extensión. Hay algo de prodigioso en la etapa de Hickman que no puedo describir, un sentimiento de grandeza que subyace a pesar de que en ocasiones el desarrollo no alcanza el nivel que uno podía suponer en un principio, un germen que plantea grandísimas ideas, y hace que puedas disculpar algunos momentos demasiado extraños, demasiado complejos, demasiado confusos. Porque al final los grandes aciertos planteados son más y mejores que los problemas que se crean. No importa que el diseño de los trajes de la Fundación Futuro sea directamente horripilante y pueble a menudo mis pesadillas. No importa que usemos una vez más a Spiderman como reclamo eterno. No importa que matemos a un personaje con la promesa de que está vez sí que sí, cuando todos sabemos que en el Universo Marvel la única ley inexorable que siempre se cumple, es la de que nadie permanece muerto demasiado tiempo. El cónclave de Reeds o el viaje con el  Víctor Von Doom del pasado para acabar con un futuro Nathaniel Richards son simplemente geniales y compensan con creces todo lo demás. Una etapa que estará a la altura de las mejores de la serie. De aquellos números de un John Byrne tocado por la varita del dios Kirby que me acompañaron en la infancia.

Ah. Y Galactus. También sale Galactus. El Galactus muerto, nada menos. Y un ejército de cucarachas que te devoran por dentro.

Nuff said.

Los 4 Fantásticos Nºs 29-31: Resuélvelo Todo

Nota: 8/10

En una línea: Hickman monta un multiverso tutelado por cientos de Mr. Fantásticos y lo resuelve bien, con un Eaglesham elegante. Es el momento de engancharse a la serie.

Formato grapa. Mensual.
Jonathan Hickman, Dale Eaglesham, Paul Mounts.



De vez en cuando, alguien en Marvel recuerda que los 4F, además de una familia, son fantásticos. Son aventureros, imaginautas. Exploradores de nuevos mundos. Y así, la serie se salpica de pequeñas sagas de un par de números que son memorables. Es el caso de estos tres números de la serie. En ellos, Reed Richards decide trabajar en su idea más peligrosa: resolver todos los problemas del mundo. Suena como algo GRANDE de verdad. Y si Reed Richards, la mayor mente del mundo no puede solucionarlos, tal vez los Richards de cientos de tierras paralelas trabajando juntos sí puedan. Si con esa premisa no se te ha hecho la boca agua, es que a ti lo de los cómics Marvel no te interesa demasiado.

El guionista Jonatham Hickman nos presenta un multiverso tutelado por cientos de Mr. Fantásticos. ¿Qué implicaciones morales tiene esa situación? ¿Cómo evolucionarán las historias de todas esas dimensiones paralelas? ¿Qué repercusiones cósmicas tendrá? ¿Y repercusiones personales?

En esta saga podemos ver como se organizan grupos para detener sistemáticamente a Galactus en todas y cada unas de las realidades. O el papel que juega el Dr. Muerte en ese crisol de realidades. Los detalles y los guiños son muchos. ¿Por qué no iba Richards a poseer el Guantelete del Infinito en varias de esas realidades? ¿Por qué sus habilidades no iban a poder desarrollarse de otras formas? ¿Siempre tiene que ser Richards un científico? Son tantas las ideas que presenta esta saga, que merece la pena leerla simplemente por disfrutar de las posibilidades, como si de un gran What if…? se tratara.

El trabajo del guión no sólo presenta una trama interesante, sino que la resuelve bien. Construye situaciones sólidas, personajes definidos. Una pequeña maravilla que viene reforzada y desarrollada por el estupendo trabajo de Eaglesham en el dibujo, con un estilo clásico (se le puede etiquetar de imitador de Alan Davis) que es perfecto para la serie. Elegante y dinámico. Siempre correcto y lleno de detalles, y por momentos impresionante. Así debería ser siempre esta serie.

Así que si la idea de el “Consejo de Mr. Fantásticos” no te ha parecido algo apetecible, tal vez sí lo sea el regreso al Neomundo, acompañando a Ben y a Johnny en sus vacaciones, en lo que promete ser una aventura divertida y llena de nuevas maravillas. Si no estas siguiendo esta serie, es el momento de engancharse.

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