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22 de septiembre de 2026

Reseñas → Marvel

Reseña · sin spoilers

Marvel Gold. Thor y los Eternos: crítica de dos tomos

Los dos tomos de Marvel Gold en los que Thor se cruza con los Eternos, de su llegada a su final. Aquí están juntas las dos críticas, cada una con su nota.

Universo Álex

15 de diciembre de 2013 · Actualizado el 22 de septiembre de 2026 · 9 min de lectura

Marvel Gold. Thor y los Eternos: crítica de dos tomos

Marvel Gold. El Poderoso Thor: La Llegada de los Eternos

Nota: 6/10

En una línea: A Thomas se le va la épica de las manos y sale una historia liada, más pendiente de cerrar agujeros que de contar. Aun así, arranca aquí una etapa mítica.

Panini Comics continúa con la reedición de material clásico de Thor, recopilando esta vez en el tomo Marvel Gold. El Poderoso Thor: La Llegada de los Eternos los números Thor Nº 279-290 y Annual Nº 7, que más o menos vienen a recoger la primera parte de lo que en Estados Unidos se ha llamado la Saga de los Eternos.

A pesar de esto, y con el fin de no dejar números sueltos por medio, el tomo comienza con cosas tan curiosas como una historia de Hiperión y el Escuadrón Supremo, de la que muchos dicen que es todo un homenaje a Superman. Sin embargo, lo importante viene a partir del Anual Nº 7 y del número 283, donde somos testigos del comienzo de la mítica etapa de Roy Thomas en Thor, además de la llegada de los Desviantes, los Eternos y los Celestiales al universo Marvel, seres creados por Jack Kirby cuya integración había sido objeto de debate hasta este momento.

Roy Thomas y su obsesión por cerrar hilos

Thomas, guionista de estos números, era partidario de esa integración, y ni corto ni perezoso, sabedor también de su poder dentro de la editorial, optó por seguir sus propias ideas y embarcarse en una saga épica de proporciones bíblicas. Con un total que rondó los 20 números y con referencias al pasado de Thor y de la obra de Kirby, Thomas no solo buscó la integración, sino que hizo gala una vez más de su obsesión por cerrar hilos y arreglar problemas de continuidad, recuperando detalles a incluir dentro de su propia historia de una forma coherente.

El tomo en sí nos narra el primer encuentro del Dios del Trueno con los Eternos, por un lado a modo de flashback en el Anual Nº 7, y por otro lado en el tiempo actual en el resto de números. La integración en el Universo Marvel se realizó por la senda de la superioridad, y aunque por una lado fue un acierto, por otro tuvo sus inconvenientes.

Los Celestiales vienen a hacer su juicio final

Los Eternos fueron establecidos como unos superhumanos creados por los Celestiales, unos seres divinos que están por encima de los propios dioses (como Thor). Ahora, tras miles de años guiando la evolución de sus creaciones, los Celestiales han venido a realizar su juicio final, que podría resultar en la destrucción de toda existencia. Por ello, Thor se une a los Eternos para combatir a los Celestiales, a los que incomprensiblemente se han unido Odín, el resto de asgardianos y los dioses griegos. Por si fuera poco, el Dios del Trueno también debe hacer frente a las fuerzas opuestas de los Eternos, los Desviantes. Casi nada.

Curiosamente, y por esa obsesión de Thomas que comenté antes, la historia bebe directamente de la cancelada serie de The Eternals, aunque bien es cierto que aquí se hace un buen repaso al material de Kirby, por lo que no es necesario haberla leído para comprender las cosas. Thomas, con buen hacer, nos va contando pequeñas historias encajadas perfectamente en la gran historia principal, que no pierden en ningún momento el hilo y que mantienen al lector intrigado con cosas como la extraña alineación de Odín.

Sin embargo, pese a ser el comienzo de una etapa mítica y épica, existen ciertos problemas creativos difíciles de salvar. Y es que no es nada fácil intentar concluir una serie dentro de otra, porque el espacio para el protagonismo es el que es, y no todos pueden contar con el suyo. Hay muchos Eternos que se quedan sin su momento de gloria, y el querer tapar todos los agujeros de continuidad da lugar a pequeñas inconsistencias e, incluso, contradicciones durante toda la historia.

Simonson, Buscema y Pollard a los lápices

En el apartado gráfico, tenemos por un lado al gran Walter Simonson al mando de los lápices del Anual, aunque desafortunadamente aún a falta de alcanzar su máximo potencial. Lo curioso es que las tintas de sus dibujos son obra de Ernie Chan, un entintador muy acaparador que tiende a llevar los dibujos a su terreno con un resultado más que decente.

Los primeros números del tomo cuentan con dibujos de John Buscema, que pone fin a una larga etapa en la serie, y lamentablemente no por la puerta grande. Es cierto que las tintas de Chic Stone no ayudan demasiado, pero hemos visto trabajos de Buscema mucho mejores a lo que contienen estas páginas.

Pese al trabajo de los dos dibujantes anteriores, la mayor parte de las labores artísticas del tomo recaen sobre Keith Pollard. Pollard no es uno de los dibujantes de la época que serán recordados por su grandeza, pero siempre fue muy competente en todos los trabajos que llevó a cabo. Eso sí, siendo sinceros, la épica no parece ser su fuerte, y no consigue retratar la divinidad y grandeza de los dioses, de Asgard y de las batallas como nos habría gustado.

Una épica que se le va de las manos

Resumiendo, estamos ante una obra que busca una épica desmedida, algo grande que presentase en Marvel una historia como nunca antes se había leído en la editorial. Pero al pobre Thomas se le va de las manos presentando una historia complicada, difícil de seguir, víctima de su propia grandeza y de querer abarcar demasiado, casi más preocupada de cerrar cosas del pasado que de contar historias del presente, e intentando fusionar dos historias que no casan excesivamente bien.

Aún así, estamos ante el comienzo de lo que a la postre sería una etapa para recordar, por lo que todo amante de los cómics clásicos en general, y de Thor en particular, debería incluir este tomo (e inevitablemente el siguiente) en su lista de lecturas obligadas.

Marvel Gold. Thor: El Fin de los Eternos

Nota: 8/10

En una línea: Roy Thomas ordena el pasado de Odín y ata a los Eternos a la continuidad como nadie. Pollard cumple sin alardes, pero la etapa es imprescindible para el fan.

Como bien indica su título, el tomo de Panini Comics Marvel Gold. Thor: El Fin de los Eternos es un tomo que continúa directamente y cierra lo que ya pudimos leer en Marvel Gold. Thor: La llegada de Los Eternos, cuya reseña ya publicamos hace un tiempo.

Como decimos, estos números sirven a Roy Thomas para cerrar el arco argumental conocido como Saga de los Eternos, donde el guionista ha estado jugando con los Desviantes, los Eternos y los Celestiales, seres creados por Jack Kirby al margen de la continuidad del Universo Marvel e integrados en ella en estos números por el bueno de Thomas. Pero no olvidemos que Thomas también aprovechó esta ambiciosa saga para recuperar el pasado del Dios del Trueno y ponerlo en orden, tirando de mitología, material previo y creaciones propias.

El pasado de Odín puesto en orden

Así, somos testigos de cómo se nos revelan detalles del origen y el pasado de Odín, padre de todos, mientras este se enfrenta a Thor por diferencias creadas entre ellos con motivo de la llegada de los Celestiales; se explican detalles diferenciales entre la mitología nórdica de Marvel y la mitología nórdica real, estableciendo un enlace entre ambas de lo más creíble y lógico;  se introduce ese concepto de ciclo de destrucción y renacimiento al que está condenado Asgard, culminado con el Ragnarok; y se adaptan historias clásicas de la mitología de las que un servidor tampoco puede hablar demasiado por desconocimiento. Y todo esto sin olvidarnos de grandes clásicos como el Destructor (novedoso por aquel entonces) o el archiconocido Loki.

En realidad, para lo que nos sirve este tomo es para recordarnos lo grande que es Roy Thomas, la cantidad de información que conocía y manejaba, y lo bien que se le daba integrar conceptos y adaptarlos para insertarlos en la continuidad. Pura magia que sirvió para que se en apenas 20 números se fraguase una de las mejores etapas de la historia del Dios del Trueno y se estableciesen conceptos que, posteriormente, algunos serían negados y otros perdurarían hasta hoy en día.

Curiosamente, Thomas no fue el autor completo de esta saga, ya que los encargados de ponerle punto y final fueron Ralph Macchio y Mark Gruenwald, dos tipos que supieron abordar con valentía la ardua tarea y, eso sí, siguiendo las “órdenes” del maestro consiguieron estar a la altura para cerrar el arco.

Keith Pollard, correcto y sin alardes

El tema del dibujo ya es harina de otro costal. De él se encarga Keith Pollard, un tipo que para unos es simplemente mediocre y para otros uno de los grandes olvidados de la época. Para el que escribe, Pollard se muestra simplemente correcto, cumpliendo sin alardes y sin bajones, aunque con lamentables altibajos en función de quién fuese el entintador de turno. Y es que resulta complicado valorar unos estilos de dibujo propios de épocas de hace 20 años o más, cuando la calidad del dibujo de hoy en día es tan alta en todos los aspectos: dinamismo, animación, narración, coherencia, detalle… Aún así, debo decir que, estando lejos de ser un erudito de aquellos tiempos, he visto muchos dibujos mejor y peor plasmados.

En definitiva, y para esto sí que no hay duda, Marvel Gold. Thor: El Fin de los Eternos recoge una etapa imprescindible para el fan de Thor, Marvel y los cómics en general. Puedes completar la información con el tomo anterior, pero tampoco es necesario, aunque te ayudará a entender algunas cosas y a ver como Thomas ha ido yendo de menos a más a lo largo de estos 20 números.

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Thor

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