Vayamos con los sentimientos encontrados por delante, porque es la única forma honesta de empezar esta crítica: Spider-Man: Brand New Day me ha gustado. Pero también es una película que se pone ella sola varias zancadillas, y como buen fan del arácnido, no puedo mirar hacia otro lado y hacer como que no las he visto.
El título no es casualidad. Para cualquiera que conozca los cómics, Brand New Day es el nombre de la etapa que Marvel abrió en 2008 tras el polémico One More Day, cuando Peter Parker tuvo que empezar de cero, sin matrimonio, sin buena parte de su vida anterior y con la identidad de superhéroe pesándole más que nunca. Que Marvel Studios y Sony Pictures hayan elegido ese mismo título para la película que sigue a No Way Home no es un guiño vacío: aquí Peter también empieza de cero, borrado de la memoria de todo el mundo que quiere, y esa idea de reinicio forzado es, con diferencia, lo más interesante que propone la cinta.
El tráiler promete un Spider-Man callejero, y la película se va a otro sitio
Vamos a la parte incómoda primero. Pese a la cantidad de caras y amenazas que se dejaban ver en el material promocional, la sensación que dejaban los tráileres era la de una historia más contenida y de barrio: el Spider-Man clásico, el del amistoso vecino, peleando con los pies en el asfalto de Nueva York. Y ojo, esa promesa tiene su parte de trampa, porque no es realmente lo que la película acaba entregando.
Lo que en los tráileres parecía el grueso de la propuesta se queda, en la sala, en poco más que los mismos cameos y destellos que ya habíamos visto en el propio material promocional: un par de golpes de efecto ya conocidos, sin mucho más recorrido detrás. En vez de quedarse ahí, la película empuja con fuerza hacia los team-ups y hacia allanar el terreno de lo que viene después, dejando ese tono más pequeño y callejero como un espejismo de la campaña de marketing más que como la columna vertebral real del metraje.
El villano que no termina de encajar
Sin desvelar nada de la trama, sí puedo decir que el enfoque elegido para el antagonista principal no es el que yo habría elegido, ni el que creo que la propia historia necesitaba. No es que esté mal interpretado ni mal planteado en lo técnico, es que su presencia se siente más funcional que amenazante, como si estuviera ahí para cumplir un expediente narrativo concreto en vez de sostener el peso dramático de toda la película sobre sus hombros. Y en una cinta que se apoya tanto en la soledad y el desgaste de Peter, necesitas un rival a la altura de esa presión, no solo un obstáculo de turno.
Otra vez sentando las bases del futuro en vez de vivir su propia historia
Y aquí llega mi queja más profunda, la que de verdad me deja con mal sabor de boca: una vez más, Marvel Studios cae en la tentación de usar una película individual como trampolín hacia lo que viene después en vez de dejarla vivir y respirar por sí misma. Con Vengadores: Doomsday ya llamando a la puerta en el calendario de estrenos, y sobre todo con el "reinicio" que habrá tras Vengadores: Secret Wars, se nota que varias decisiones de guion están ahí más para dejar piezas colocadas de cara al futuro que para cerrar de forma satisfactoria los propios conflictos que la película ha abierto. El resultado es que buena parte de sus hilos argumentales se quedan sueltos, abiertos, colgando de un hilo de telaraña que probablemente no se recoja hasta dentro de un año o dos (si es que se recoje).
Entiendo la lógica de negocio detrás de esto, de verdad que sí. Pero como espectador que solo tiene delante estas dos horas y pico, cansa un poco que la última media hora de la función funcione más como tráiler extendido de la siguiente gran cita del UCM que como cierre propio de esta historia.
Frank Castle se roba la película
Ahora vamos con lo bueno, que también hay, y mucho. Si algo funciona sin ninguna fisura en Brand New Day es la llegada de Frank Castle al universo de Spider-Man. Jon Bernthal encaja como un guante en un entorno que, en el papel, es de todo menos su hábitat natural, y aunque se permiten suavizar al personaje para que combine mejor con el tono más amable de las películas de Holland, la producción ha tenido el acierto de dejar que el Punisher siga siendo tan duro, tan sucio y tan incómodo como siempre ha sido en los cómics.
Ese contraste, el idealismo casi adolescente de Peter chocando contra la brutalidad sin filtros de Frank, es de lo mejor que ha dado esta franquicia en mucho tiempo, y personalmente me habría quedado con más minutos de los dos compartiendo pantalla. Si al final se anima a Marvel a explorar más esta pareja en el futuro, que levanten la mano, porque el material está ahí.
La acción por fin encuentra un sello propio
Si hay un terreno donde Destin Daniel Cretton deja huella personal, es en la acción. No en vano, recordemos que viene de hacer otras cosas con Marvel Studios como Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos. Es cierto que buena parte de los golpes, esquivas y combos de Spider-Man ya los hemos visto antes, y no solo en anteriores películas del UCM, también en las sagas de Raimi y de Garfield: hay bastante autorreferencia. Pero por debajo de esa familiaridad se nota una intención clara de innovar, y no es casualidad: el propio equipo ha reconocido abiertamente que buena parte de esa inspiración viene de los videojuegos recientes del personaje, y se nota en pantalla.
Esa influencia se aprecia todavía más fuera de los combates cuerpo a cuerpo, en los desplazamientos por la ciudad. La forma en la que Spider-Man usa ahora sus redes para balancearse, las caídas al vacío entre rascacielos y varios momentos rodados en primera persona (POV) aportan una frescura visual que la franquicia necesitaba, y son, junto al propio Frank Castle, de lo más disfrutable de toda la función.
Un Peter Parker más solo y más humano que nunca
Más allá de mis quejas, hay que reconocerle a Cretton el pulso para retratar la parte más íntima de Peter. Con todo el mundo habiendo olvidado quién es, la película dedica tiempo de verdad a mostrar el coste emocional de esa soledad, en contraste con un Spider-Man que nunca ha sido más eficaz combatiendo el crimen en las calles de Nueva York. Ese choque entre el héroe imparable y la persona que se apaga poco a poco en su apartamento vacío es, para mí, el corazón real de la película, por encima de cualquier villano o cualquier gran set piece.
Ayuda, y mucho, que el rodaje se apoyara en decorados prácticos construidos a escala real en los estudios de Pinewood, con manzanas enteras de Nueva York reconstruidas ladrillo a ladrillo. Se nota en pantalla: hay una textura de ciudad de verdad, sucia y habitada, que el CGI puro rara vez consigue replicar, y que sirve de contrapunto perfecto a lo desangelado que se siente el piso de Peter.
Spider-Man: Brand New Day: ¿vale la pena pagar la entrada?
Spider-Man: Brand New Day es una película que quiere muchas cosas a la vez, y no todas le salen igual de bien. Cuando se centra en Peter Parker como persona, y cuando deja que Frank Castle campe a sus anchas, roza la excelencia. Cuando se pone a preparar el terreno para lo que viene después, o cuando decide de qué villano tirar, pierde fuelle y se nota el cálculo de estudio por encima de la necesidad narrativa. Aún con todo, sigue siendo una etapa necesaria y disfrutable dentro del camino de Tom Holland como Spider-Man, y el balance final se queda del lado positivo, siendo para un servidor la mejor propuesta hasta la fecha de la saga arácnida de Holland.
Lo mejor: Frank Castle / Punisher, sin discusión posible.
Lo peor: Varios hilos argumentales se quedan colgados, más pendientes del futuro del UCM que de cerrar su propia historia.
Veredicto de Espacio Marvelita
7/10
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