[Crítica] Wonder Man: cuando Marvel se atreve a mirarse al espejo

Wonder Man

Tras ver completa la primera temporada de Wonder Man, queda claro que estamos ante una de las propuestas más interesantes y arriesgadas de Marvel Television en los últimos años, especialmente durante su primera mitad. Una serie que, cuando decide olvidarse de capas, poderes y amenazas grandilocuentes, ofrece algo mucho más valioso: una historia humana, honesta y sorprendentemente mordaz sobre Hollywood, el ego y la necesidad de validación.

Una sátira de Hollywood inesperadamente brillante

El gran acierto de Wonder Man llega cuando la serie se desprende de cualquier etiqueta superheroica y abraza sin complejos la sátira del Hollywood contemporáneo. Ese Hollywood artificial, obsesionado con la imagen, el éxito inmediato y el reconocimiento externo, donde los sueños personales chocan constantemente con la maquinaria de la industria.

En este contexto es donde la serie realmente brilla. La narrativa se vuelve más íntima, más cercana y, sobre todo, más sincera. La búsqueda del sueño, de la aprobación y de la superación personal se convierte en el auténtico motor de la historia, y es ahí donde el espectador conecta de forma casi inmediata con sus protagonistas.

Dos interpretaciones que sostienen toda la serie

Gran parte del mérito de esta conexión emocional recae en Yahya Abdul-Mateen II y Ben Kingsley, que están sencillamente inmensos.

Abdul-Mateen II construye a un protagonista lleno de contradicciones: vulnerable, ambicioso, inseguro y profundamente humano. Su personaje resulta entrañable precisamente porque no es perfecto, porque duda, fracasa y se equivoca. Es fácil verse reflejado en su necesidad de ser visto y reconocido, incluso cuando eso le lleva a tomar decisiones cuestionables.

Por su parte, Ben Kingsley vuelve a demostrar por qué es uno de esos actores capaces de elevar cualquier material. Su presencia añade capas, matices y una cierta melancolía a la historia, funcionando tanto como contrapunto emocional como espejo deformado del protagonista. La química entre ambos es uno de los grandes pilares de la serie y el principal motivo por el que la primera mitad se siente tan sólida. Destin Daniel Cretton, creador y director de los dos primeros episodios, es el artífice de elevar a un personaje que ya recuperó inesperadamente para Shang-Chi y la Leyenda de los Diez Anillos, y que parecía condenado a ser objeto perenne de mofa y escarnio.

Lo más destacable es que la serie no necesita artificios ni grandes escenarios para enganchar: confía en su guión, en sus personajes y en los conflictos emocionales que plantea. Algo poco habitual en el Marvel televisivo reciente.

Cuando Marvel recuerda que es Marvel… y tropieza

Sin embargo, a medida que Wonder Man avanza hacia su segunda mitad, la serie empieza a mostrar grietas. Es como si el miedo a ser «demasiado diferente» hiciera que Marvel decidiera volver a terreno conocido, y ahí es donde el relato se resiente.

La introducción de elementos más claramente superheroicos, ciertos tópicos del género y algo de fan-service provocan que la historia pierda parte de su frescura. El «villano», o más bien antagonista, y todo lo que lo rodea está poco desarrollado, carece de la profundidad y el cuidado que sí tenían los conflictos más personales, y termina sintiéndose funcional en lugar de necesario.

Además, el arco del protagonista da un giro deliberadamente incómodo: lo entrañable empieza a tornarse odioso. Es evidente que esta evolución es intencionada, una apuesta narrativa para incomodar al espectador y cuestionar al personaje, pero la gran pregunta es si realmente funciona. En algunos momentos sí, en otros da la sensación de que la serie no termina de saber cómo equilibrar ese cambio sin perder empatía por completo.

Un balance positivo pese a sus irregularidades

Aun con estos problemas, sería injusto juzgar Wonder Man solo por su tramo más flojo. La fuerza de su primera mitad compensa en gran medida los tropiezos finales, y el balance general sigue siendo claramente positivo.

No es una serie perfecta ni redonda, pero sí una que se atreve a probar cosas distintas dentro de un universo que, en muchas ocasiones, parece atrapado en sus propias fórmulas.

Conclusión: un soplo de aire fresco (no apto para todos)

Wonder Man es, en esencia, un soplo de aire fresco dentro del UCM, aunque eso mismo será lo que haga que no conecte con todos los fans. Aquellos que busquen acción constante, épica superheroica y conexiones forzadas con el resto del universo probablemente salgan decepcionados.

Sin embargo, para quienes estén abiertos a una historia más personal, autoconsciente y bien interpretada, la serie ofrece algo distinto, honesto y, en muchos momentos, notablemente bien hecho.

Marvel se atreve a mirarse al espejo, a reírse un poco de sí misma y a contar una historia sobre personas antes que sobre superhéroes. Ojalá no se hubiera arrepentido a mitad de camino.

P.D.: El episodio del Hombre Puerta me parece sublime.