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[Reseña] El Hulk de Mantlo 1

Para el inconsciente colectivo, Hulk es este tipo grandote, descerebrado y con mala leche que arrasa allá por donde pasa. Pero el friki pijamista sabe que hay más que eso. El friki pijamista ensalza a los altares el trabajo de Peter David porque él fue capaz de desechar esa imagen del coloso esmeralda haciéndole evolucionar de manera que se volviera inteligente, gris, verde, matón o científico. Sip, fale. David hizo todo eso pero, realmente, no fue el primero. El que hizo que Hulk hablase y razonara sin problemas bajo el dominio mental de Banner fue Bill Mantlo.

Durante cinco añetes Mantlo escribió el personaje, y lo dejó justo antes de la etapa de Byrne (que precede a la de David) en la que se separaba físicamente a Banner de su alter ego, pero de Byrne ya hablaremos en otra ocasión. Centrémonos en Mantlo.

El primer número de Mantlo (245 USA) arrancaba justo al finalizar la saga de Jarella y su mundo. En una pequeña saga en la que cuenta con la ayuda del Capitan Marvel, Hulk viaja al mundo de esta para poder llevar su cadáver allí para que reciba un entierro digno. Tras esto, y poco a poco, Mantlo nos va contando historias en las que La Masa continúa siendo un monstruo descerebrado en forma de saguitas de uno o dos numerillos que tienen la mayoría de ellas lecciones morales más o menos ocultas. Hasta que, en el 272 USA Banner es atacado por Wendigo y… ¡no se produce la transformación!

Así que tenemos a Banner en mitad de la nieve, liberado de su ser monstruoso y con la única opción de ser masacrado por el Wendigo. Pero, miren ustedes por dónde, le da por desear cambiar, y se produce la transformación. Pero esta vez es Bruce quien lleva el control sobre el cuerpo verdoso y musculado. Y parece ser que es un cambio duradero.

La explicación de este cambio viene dada por la utilización prolongada por parte de Rick Jones de un generador de Rayos Gamma para devolver a Hulk a su forma humana (aquel que se montó Stan Lee en los inicios de la serie), sumado a varias dosis de esa radiación recibidas en peleas contra La Abominación y el Amo de la Galaxia en la saga anterior. Aunque parece ser que el método de transporte utilizado para devolver a Banner a la tierra también puso su miguita de pan.

Así que tenemos da un Hulk inteligente o a un Banner musculado, según se prefiera ver, que consigue la amnistía del presidente americaniense y es felicitado por sus apañeros pijamistas. Incluso le regalan una estatua hecha de Adamantium de su verdosa persona (diseñada, como no, por Alicia Masters).

Sip. Ahora Hulk es bueno y controlado por Banner. El sol brilla, los pajaretes cantan y las nubes se levantan. Pero, como todos sabemos, en el pijamismo esas cosas no duran…

(continuará…)