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[Reseña] Canción de Hielo y Fuego: Se acerca el invierno…

La saga de novelas de fantasía épica escrita por George R.R. Martin ha debutado en la televisión de la mano de la productora HBO, responsable de joyas del séptimo arte como The Wire, Los Soprano o A dos metros bajo tierra.

Aunque sólo se han podido ver hasta la fecha únicamente cuatro capítulos, uno ya se relame pensando en todo el potencial que se puede alcanzar con la fusión de talentos que deja ver esta adaptación. Si HBO es una productora que prácticamente desconoce la palabra censura e intencionadamente suele despreciar el significado del término “tabú”, uno no imagina mejor elección que Canción de Hielo y Fuego para llevar a cabo una adaptación fiel, con toda la muerte, sexo, intriga y asquerosidades que la saga narra.

La primera temporada, de doce capítulos, se ajusta a la historia contada en el primer volumen, titulado Juego de Tronos, donde las ambiciones y rencores de sus protagonistas son un caldo de cultivo ideal para unas intrigas palaciegas que llevarán a los siete reinos de poniente a una situación en la que la paz se verá seriamente amenazada.

El rey Robert, más conocido entre sus enemigos como “el usurpador”, lideró una revolución en el pasado con su fiel aliado de norte Eddard Stark, pero pasados los años, Robert se convierte en un monarca obeso y borracho cuyo máximo interés radica en aparearse con rameras.

Los siete reinos comienzan a sufrir por la gestión nefasta de un rey que precisamente lideró una revuelta para arrebatar a la casa Targaryen el trono. El “rey loco” nacido de las relaciones incestuosas que son tradición en la casa Targaryen se dedica a divertirse cociendo caballeros dentro de su propia armadura y otras actividades impropias de un gran señor.

Robert dice basta, y no por moral o un código del honor, sino porque es un guerrero al que le encanta moler a palos a cualquier insensato que se le ponga por delante. Tras hacerse con el trono, intenta imponer la paz asesinando a todos los descendientes de la casa Targaryen que pudiesen reclamar la corona, pero en un movimiento audaz, los hermanos Viserys y Daenerys son enviados al continente oriental para evitar su muerte.

En este contexto comienza Juego de tronos, con tres tramas interdependientes trazadas a largo plazo:

  • Los hermanos Targaryen tratando de reunir un ejército con el que regresar a Poniente para explicarle al Usurpador un par de cositas.
  • El rey Robert intentando evitar que los siete reinos se desmoronen con una estrategia basada en ceder poder a sus allegados para poder disfrutar de cópulas y borracheras, o ambas cosas al mismo tiempo.
  • Y por último, al norte del norte de los siete reinos, está el muro, una construcción de hielo y roca que sirve de barrera ante los salvajes que no conocen la civilización, pero sí saben lo que significa la palabra delinquir. El muro es una construcción muy antigua que protegía en los tiempos inmemoriales contra criaturas altamente desagradables que no conviene encontrarse durante un paseo por el monte.

Con estos ingredientes se cuece una épica que te hará chillar, reír y vomitar. Está narrada de forma muy adictiva, contando cada capítulo de la novela los devenires de un personaje y dejándote siempre con ganas de más.

Lo mejor es que la historia es impredecible, y en ocasiones quedas tan perplejo que no das crédito. Los personajes nunca dejan de evolucionar, son ambiguos y puedes juzgar a uno como miserable, pasadas doscientas hojas como simpático, y trescientas hojas más allá como sabandija rellena de pus.

La adaptación de la HBO es muy buena, y si no sucede como con Carnivale, tendremos una gran película de siete temporadas para deleite de todo tipo de espectadores, ya sean frikis, marujas o carrozas. No es necesario tener acné para disfrutar de Canción de Hielo y Fuego, que dejará la adaptación de El Señor de los Anillos de Peter Jackson a la altura de los videos de Madonna de los 80.