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[RESEÑA] Thor Nº 30 (y anteriores)

Por Chemari-Wan Kenobi.

Formato grapa. Mensual.
Kieron Guillem, Billy Tan, Batt y Christina Strain.

Será que se acerca la película, será que la atención que se dedica a los personajes es cíclica, pero la importancia que Thor ha tenido tras la Guerra Civil ha ido en aumento. Ha tomado el testigo de la mano de Iron Man (y de su película, y será de esperar que se lo pase al Capitán Amércia y su película) y Thor se convierte en el eje sobre el que girarán los acontecimientos del próximo gran evento Marvel: Asedio. Y nada volverá a ser lo mismo.
Thor y su entorno había desaparecido durante la Guerra Civil. Los dioses habían desaparecido y Thor se encontraba diluido dentro del gran esquema editorial. Pero los dioses no mueren mientras alguien crea en ellos. Y J. Michael Straczynski fue ese hombre. Hablar de Straczynski (y escribir su apellido) es complicado: es un autor forjado en las series de TV. A él el debemos la fabulosa serie Babylon 5, y dentro del mundo de la viñeta la imprescindible Midnight Nation. Marvel no tardó es aprovechar su buen hacer y le encargó, por ejemplo, revitalizar la serie de Spiderman, donde Straczynski consiguió devolver al trepamuros madurez, tensión e interés. Poco tiempo después, hizo lo mismo con Thor.
El hijo de Odín vuelve a la Tierra asqueado de la situación superheroica (el asesinato del Capitán Amércia), traicionado por uno de sus mejores amigos (Tony Stark) y con una gran crisis de identidad: su mundo, Asgard, y todos sus amigos, compañeros y familiares divinos han desaparecido. Pero como decía antes, mientras alguien crea en ellos, seguirán vivos. Así que Thor dedicará sus esfuerzos a buscar al resto de dioses y a recrear Asgard en la Tierra. En pleno medio oeste americano, más concretamente.
El éxito de Thor derivará en una colonia de dioses en medio de los Estados Unidos de Norman Osborn. Straczynski abandonará la serie en este punto, siendo relevado por Fraction, que hará un memorable trabajo contándonos una serie de historias épicas, como aquellas que recordamos del Thor de Simonson, en las que Thor se ve preso de las maquinaciones de Loki y pierde su título. Aquí aparecerán tanto los Vengadores Oscuros (por aquello de no dessconectar de los acontecimientos del resto del Universo Marvel) como los gigantes de hielo y demás parafernalia vikinga. Y todo ello con un Thor que ha perdido su título de príncipe y un gobierno manipulado por Loki que hará que la nueva colonia se vea obligada a refugiarse en Latveria. Y nadie esperaría que Muerte, soberano de Latveria, pudiera hacer algo si eso no fuera a favor de Muerte.

En esta última etapa, y abandonado Fraction la serie, Kieron Guillen toma el timón de los guiones y se encuentra con la difícil tarea de llevar a puerto el barco. Así, Guillen tiene que hacer regresar la serie de su viaje mítico y asentarlo de nuevo en la continuidad Marvel. Su trabajo nos presenta una trama en la que el Dr. Muerte, en busca de la fuente de poder de los dioses y con las colaboración de Loki, se dedica a jugar a Dr. Frankenstein y a diseccionar argardianos y a convertirlos en cyborgs. La batalla está servida, los dioses claman venganza y Muerte juega con ventaja. Cuando todo parece perdido, resuena el trueno, y Thor regresa en ayuda de sus aliados.
Guillen es un guionista solvente, pero se ve atrapado entre la trama establecida por Straczynski y las exigencias del crossover de turno. A pesar de no ser un autor destacable, sí hace un trabajo solvente y mantiene el interés del lector. No está a la altura de Straczynski, pero consigue mantener el pulso a la narración y mantiene la historia viva. Si bien los episodios anteriores son los que han devuelto a Thor su esplendor, son estos números de transición que le han tocado a Guillen los realmente importantes para los acontecimientos del Universo Marvel. Desgraciadamente, las exigencias de continuidad han ido lastrando la calidad de la serie, tanto en los guiones como en el arte.
El trabajo de Billy Tan, aunque es solvente, no tiene la épica de artistas anteriores, y por momentos resulta sucio y poco detallado. Tampoco el acabado de Batt a las tintas ayuda a potenciar el trabajo del dibujante. Así, en este número 30 de la serie regular de Thor en nuestro país, encontramos una serie en franca caída libre, y que da el pistoletazo  de salida al evento ASEDIO.
Es una lástima que el estupendo planteamiento de Straczynski y Fraction para la serie tenga que ser descartado tan pronto a favor de las exigencias editoriales. Esperemos que la llegada de la película a los cines haga que Marvel apueste por Thor y vuelva a sacarle jugo a un personaje tan potente.